Yo lobo capítulo 4

El aire gélido lo despertó, abrió los ojos y miró a su alrededor. Estaba tumbado junto a unas rocas y nevaba. Miro al cielo y vio la luna, las estrellas y unas líneas de colores que danzaban por el cielo.

– Ayudame… Ayudame… Helge…

La voz de Meiju resonaba en su cabeza.

Empezó a olisquear el aire y le llegó su olor, el olor del miedo y la desesperación. Sin pensarlo, se incorporó y fue hasta el origen de ése olor, pero al llegar sintió otro olor, el del hombre.

Por instinto se escondió entre unos árboles y observó.

Había como una docena de hombres, armados con rifles, cazadores supo al instante. También vio unas cuantas cajas amontonadas con un símbolo en cada una de ellas, una huella de lobo al lado de unas llamas.

Había una tienda de campaña más grande que las otras. De ella salió una mujer que le resultaba familiar. Se le acercaron cuatro hombres que llevaban consigo una jaula con algo dentro, pero estaba tapado y no lograba ver qué era.

La mujer les ordenó algo a los hombres y éstos asintieron, abrieron la jaula y destaparon al animal. Era Meiju, la loba de su otro sueño. Estaba dormida, sedada seguramente. La mujer asintió y la volvieron a tapar. La entraron a la tienda y la mujer los siguió, pero justo antes de entrar se giró y miró hacia donde estaba Helge. Durante unos instantes creyó que le estaba mirando a los ojos, pero finalmente entró.

Escuchó el ruido de un trueno y una luz le cegó.

Despertó tumbado en una cama. Trató de incorporarse, se sentía cansado y le costó, pero al final lo hizo.

No sabía dónde estaba, en su habitación no, de eso estaba seguro. Era una habitación mediana, con dos puertas y un pequeño balcón. Al lado de la cama había una mesita de noche con una lámpara y un libro “Secretos de los sueños”. En un lado de la habitación había un armario y poca cosa más, era todo muy sencillo.

Escuchaba cómo la lluvia salpicaba el cristal y cómo un trueno ahuyentaba el silencio de la noche y iluminaba el cielo oscuro.

Encendió la lámpara y abrió el libro por una página cualquiera.

“Los sueños son un misterio que nadie puede comprender del todo, pero alguna vez pueden ser portales a otros mundos,”

El ruido de un inodoro lo sacó de su mundo y Helge miró una de las puertas. Por ella apareció Luna, con una camisa de hombre que le iba grande y en ropa interior. La camisa llegaba a tapar sus partes íntimas, pero era un claro reclamo a la imaginación más perversa.

– Veo que ya te has despertado – dijo con una sonrisa-

Helge no contestó, estaba absorto en las curvas de Luna y cuando empezó a notar su propia erección, se dio cuenta de que él también estaba en ropa interior.

– Créeme, si hubiésemos hecho cualquier cosa lo sabrías – dijo con un tono de picardía – Antes de acostarme vine a ver cómo estabas. Tu ropa se está secando y no tenía nada para ponerte. Noté que estabas muy frío, así que decidí dormir contigo para mantener el calor. Vivo sola, con lo que no hay problema.

Helge se tranquilizó, aunque la idea de que hubiese pasado algo no le disgustaba. Sea cómo fuera, se sentía débil.

– ¿Sabes por qué me siento tan débil?

– Todo portador de la marca del lobo se debilita al principio, pero tú llevas dos días durmiendo, ¿aún estás débil? Muévete un poco.

¿Dos días durmiendo? Eso era mucho tiempo… ¿Y qué había dicho de un lobo?…¡La marca del lobo! ¡Ya no lo recordaba! Se levantó de golpe, un poco mareado, y fue al baño a mirarse en el espejo. Encendió la luz y ésta le cegó durante unos instantes, pero cuándo recobró la visión se miró en el espejo. Tenía el pelo rubio cayéndole por la espalda. Su cara denotaba cansancio, pero sólo se fijó en sus ojos. Los veía cómo siempre, hasta que emergió de lo más profundo de su ser, la tenía, era un portador de la marca del lobo.

Luna estaba sentada en la cama, medio tapada.

– Me dijiste que me contarías qué es todo esto… Y ése libro… He leído algo de que los sueños pueden ser portales a otros mundos.

– Ven y siéntate conmigo. – le ofreció Luna haciéndole un espacio. – Verás, hay creencias de que todos tenemos una alma gemela, pero no en otra persona, sino en un animal. Se crea una conexión entre tu alma y la de ése animal que se hace realidad en tus sueños y es entonces cuando puedes poseer su cuerpo durante un tiempo. Por qué pasa es un misterio, y no les pasa a muchos. Tu alma gemela por ejemplo es la de un lobo, cómo ya habrás descubierto.

– Antes… Antes estaba soñando, que era ése lobo blanco y escuchaba a… ¡Meiju! ¡Meiju está en peligro, tenemos que ayudarla! – dijo Helge levantándose de golpe.

– ¿Meiju?

– Sí, una chica de mi instituto que conocí en la cafetería y soñó conmigo, pero con mi forma de lobo, ella era una loba.

– Entonces la deben tener ellos… De todas formas no te preocupes, sea lo que sea lo que estén haciendo necesitan el cuerpo vivo de la chica. Si alguno de los dos cuerpos muere el otro también, fruto de esa conexión entre las almas de los dos.

– ¿A quién te refieres?

– ¿Has visto alguna vez un emblema que es una huella de lobo junto a unas llamas?.

– Sí… En mi sueño habían unas cajas con ese emblema… ¿Quiénes son? – dijo mientras se sentaba de nuevo.

– Son una organización secreta sin nombre que usan ése emblema para conocerse entre ellos, se llaman a sí mismos “los soñadores”, y usan el poder de todo aquél que sea portador para encontrar a su alma gemela, capturar al animal y usarlo para fines que desconozco.

– Entonces Karen también debe de estar en peligro… En mi sueño también estaba, sólo que era ella y no su animal, y parecía que… – todo encajó en su mente.

– ¿Parecía que… Qué?

– Karen forma parte de esa organización… Estaba dando órdenes a los que llevaban a Meiju. Tenemos que rescatarla, ¿dónde la podemos encontrar?

– Eso ya no lo sé… Pero hay algo que podemos hacer. Voy a buscar tu ropa, nos vestimos y en la calle te enseño cómo. – Luna se levantó y salió por la otra puerta.

Helge fue hacia el pequeño balcón. Al abrir la puerta la lluvia le salpicó la cara, pero necesitaba sentir el aire fresco de la lluvia en medio de la noche.

La calle estaba desierta, sólo se escuchaba el caer de la lluvia y su propia respiración.

– De acuerdo, vamos a encontrar a tu amiga. Hay algo más que no te he contado, los portadores os podéis encontrar entre vosotros, sólo tienes que cerrar los ojos y concentrarte, encontrarás su esencia.

Helge no entendía bien a qué se refería con su esencia, pero le hizo caso. Cerró los ojos y se concentró. Todo a su alrededor se detuvo, sólo estaba él, Luna y… Sentía a Meiju, estaba cerca, lo sentía.

Veía un rastro en el suelo que seguía una dirección… La dirección que la llevaría hasta ella.

– Lo tengo, sígueme. – le dijo mientras empezaba a andar. –

El edificio no estaba muy lejos, con lo que llegaron en poco tiempo. Era un edificio alto, gris y con el emblema de la organización en lo alto.

– ¿Estás preparado? No sabemos qué nos podemos encontrar ahí dentro. – los dos miraban el aspecto lúgubre que tenía el sitio. –

– No me importa, te tengo a mi lado. Vamos a por Meiju.

Eres aquello que todo lobo desea poseer.

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