Archive for the Relatos de Merc Category

El cuento del silencio

Posted in Relatos de Merc with tags , , , , , on 9 Setembre 2017 by mrc15

 

 

Hubo un tiempo en que el mundo no tenía colores, sólo blanco y negro. Tampoco habían sonidos, pero los habitantes de nuestra historia no los necesitaban. Se comunicaban a través de gestos, miradas y sonrisas.

Nuestro protagonista era alguien tímido, de esos que evitan otros ojos para que no puedan ver en su interior. Tampoco tenía un aspecto especial, aunque os dejo a vosotros que lo imaginéis como queráis.

Nuestro protagonista tampoco tenía nombre, pues en su mundo era algo sin sentido, pero vamos a llamarlo “Él”.

A Él le gustaba su mundo. Un mundo bueno, amable, en el que nadie tenía malas intenciones ni sufría por los demás.

Pero Él tenía un secreto. Estaba enamorado de… Bueno, ya sabéis cómo son las cosas en su mundo, así que vamos a llamarla “Ella”. Él amaba con locura a Ella, pero al ser tan tímido nunca se acercó, ya que Ella siempre estaba rodeada por otros. Él se limitaba a observarla desde la distancia, admirándola. De vez en cuando, su mirada se cruzaba con la de Ella, pero rápidamente Él desaparecía. A saber lo que pensaría Ella de Él cuando hacía esas cosas.

A Él le gustaba pasar desapercibido, así es como más a gusto se sentía, ya que no quería que nadie pudiera ver su secreto al mirarle a los ojos. A los demás tampoco les importaba que Él fuera así, lo respetaban.

Una noche, Él soñó con algo muy extraño.

En su sueño, estaba junto a Ella en un banco. El viento creaba pequeños remolinos delante de ellos, y en ese momento Ella le tocó la mano. Él la miró y comprendió por qué estaban allí. Ella se marchaba, pero antes quiso despedirse de Él.

Él no acababa de comprender su sueño, pero ya llegaba tarde a sus obligaciones al haberse quedado dormido. No esperaba encontrarse con nadie, por lo que siguió soñando despierto. Cual fue su sorpresa cuando se encontró cara a cara con Ella.

Automáticamente Él empezó a girarse, pero Ella lo cogió de la mano, como en su sueño. Él la miró y supo que habían tenido el mismo sueño, pero se quedó de piedra cuando Ella le contó que se iba y que siempre se había fijado en él. Ella le dijo que volverían a encontrarse en otro mundo, y que en ese momento le contara todo lo que sentía al mirarla.

A decir verdad, los colores y el sonido existían en el mundo real. Ella también era real, era una chica preciosa con una sonrisa encantadora, y muy popular.

Él también era real, aunque prefería su mundo, pues en el real Él no soportaba mirarse al espejo. Tanto odio, insultos, risas, por ser simplemente como era. Por eso Él prefería su mundo con Ella, donde ninguno tuviera que esconderse.

Cuando Él la observaba en el mundo real también lo hacía en el suyo, y de alguna forma, sentía que Ella lo sabía.

Él, haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad, se acercó a Ella y la miró a los ojos.

Ella, sin decir nada, le cogió de la mano como en su sueño.

Y así, en completo silencio y sin ninguna palabra, se contaron todo lo que sentían.

 

 

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Dibujando sueños en forma de letras.

Posted in Relatos de Merc, Sentiemientos de Merc with tags , , , , , , , on 23 Juny 2013 by mrc15

Su mano dibujaba letras sobre el papel blanco, sus ojos señalaban el camino a seguir, su mente las unía para darles el sentido que buscaba.

Así empezaba toda historia para él, una simple idea aparecía en su imaginación, le gustaba y le daba forma. Imaginaba qué pasaría si a tal personaje le pasara esto, o lo otro. Y, casi sin quererlo, se vio envuelto en un mundo de constante evolución. En un mundo de mentes únicas, que todas procedían de la suya, todas eran pequeños fragmentos. En un mundo sin igual, abierto a miles de interpretaciones por otras mentes que no fueran la suya. En su mundo.

Para él, escribir una historia era parecido a pintar un cuadro nunca antes creado. No todo nacía con la primera pincelada, sino que requería de paciencia y perseverancia, de constantes correcciones, para volver a corregirlo tiempo después.

Pero, al final, las letras que había dibujado con tanto esmero, con tanta dedicación y sentimiento, formaban lo que era la primera descripción de su nuevo mundo, la pequeña descripción de una hoja que se mecía con el viento observando todo lo que en él ocurría.

Y así, se hacía realidad el mundo que había estado en su mente durante tanto tiempo, deseoso de poder salir.

Lo mejor de ser escritor no es poder mostrar al mundo lo que puedes llegar a imaginar, sino poder hacer sentir lo que tú sientes al imaginar todo aquello.

Yo lobo capítulo 7

Posted in Relatos de Merc, Yo lobo with tags , , , , , , , , , , on 24 febrer 2013 by mrc15

El grito de un ave hizo que abriera los ojos.

Aún le dolía el derecho, pero ya no sangraba y mejoraba a marchas forzadas. A su lado tenía a Meiju, profundamente dormida.

Se levantó poco a poco, estiró sus patas para desperezarse y lo escuchó de nuevo.

Comprobó de que estaba todo correcto, salió para beber un poco de agua y mojarse un poco la cabeza, para así eliminar los restos de sangre seca que aún quedaban.

Miró al cielo y observó cómo las nubes negras avanzaban con rapidez por el cielo, tapando el sol y dejando al mundo en una penumbra constante. Pero entre tanta oscuridad destacaba un punto blanco surcando el cielo, cómo la pequeña luz que se niega a ser engullida.

Sabía lo que era. Estaba demasiado lejos para calcular su tamaño, pero se apreciaba cómo batía sus grandes alas con fuerza frente a las fuertes corrientes de viento.

Los primeros copos de nieve empezaron a caer. Primero meciéndose lentamente, para fundirse en su pelaje. Era obvio que se aceraba una tormenta.

Pero aparte de eso, había algo que lo mantenía inquieto.

Entró a por Meiju, tenían que seguir el camino.

Se acercó y la acarició con su hocico. Los ojos melosos de ella ya lo estaban mirando. Le devolvió la caricia y se incorporó.

En unos minutos ya estaban fuera, sintiendo la fría nieve bajo sus patas. Estaban hambrientos, pero no se veían presas, por lo que inspeccionaron el horizonte y divisaron los altos árboles de un bosque. Parecía el lugar idóneo.

Lejos de ahí unas patas negras cómo la noche levantaban el polvo del suelo. Aún permanecía el olor de Helge y Meiju.

Soltó el aire satisfecho, iba por el buen camino, lo sabía, y éso se reflejó en sus ojos amarillos.

El aire danzaba entre las ramas, haciendo caer la nieve acumulada. Un conejo corría por el suelo, distraído, mientras buscaba algo para comer, pero no sabía que la comida sería él.

Un reflejo blanco se movía entre los árboles. No alertó al conejo del peligro, podía ser simplemente la luz que se reflejaba en la nieve.

Se percató demasiado tarde de lo que ocurría, un relámpago blanco se abalanzó sobre él y antes de poder soltar un grito su corazón dejó de latir.

Se lo partieron entre los dos. Era poco, pero era mejor que nada.

Un ruido hizo que Helge mirara al cielo. Unos ojos brillantes de color blanco los observaban desde lo alto.

Un águila se posaba en una rama, sin hacer el menor movimiento.

Entre ellos sólo caía nieve, pero notaban sus miradas cómo si estuvieran a pocos centímetros.

Se levantó un poco de nieve y escuchó el gruñido de Meiju. Al girarse vio a un lobo negro de ojos amarillos, que apenas emitía ningún sonido. Se no había dado cuenta de su presencia hasta entonces.

Se puso al lado de Meiju sin dejar de observarlo.

No mostraba emoción alguna, ni temor, ni agresividad, sólo los miraba con aquellos ojos.

Un trueno iluminó el cielo y la tierra tembló, había caído cerca. La tormenta era inminente.

El lobo negro empezó a acercarse hacia ellos.

Tanto Helge cómo Meiju se prepararon para saltar, pero no le importaba, seguía avanzando. Las advertencias habían sido claras y aún así había seguido.

Se lanzaron contra él, pero en ése preciso instante, una luz los cegó y un estruendo hizo que el suelo se rompiera a sus pies, mientras los dejaba inconscientes. Todo se volvió oscuro.

Helge se despertó solo, sin Meiju a su lado. Fue a ver cómo se encontraba Luna, pero al llegar a su habitación estaba vacía. Todo estaba en su sitio, pero reinaba un frío extraño.

Volvió al comedor, dónde miró si le habían dejado alguna nota o algo. Nada.

No era muy normal que dos personas desapareciesen sin hacer ruido ni avisar, así que cogió la chaqueta y salió a la calle.

Estaba empezando a llover y parecía que iba a ser una tormenta grande, así que mejor encontrarlas rápido.

Se concentró y el tiempo se detuvo, mostrándole el camino que habían seguido Luna y Meiju.

Entraba en un callejón, conectaba con otro y finalmente seguía en una calle grande, llena de paraditas, hasta una escalera que subía por una parte del mirador de la ciudad.

No lo pensó dos veces y siguió el rastro.

En la oscuridad de los callejones se sentía a gusto, sin ser juzgado y con las gotas bajando por su rostro.

Pero al salir de ellos volvía a sentirlo, las miradas clavadas en él, en su ojo derecho.

Cierto era que no era muy normal tener una cicatriz así, pero ya ni se molestaban en disimular su asombro, incluso lo señalaban.

Seguía andando con paso decidido, dispuesto a ignorar cualquier burla. Pero una mano detuvo su paso, y su mirada dio con el causante.

Se encontró con un chico de una edad similar a la suya, un poco más bajo que él. Iba vestido con unos pantalones de pitillo negros y una sudadera con capucha que le cubría la cabeza y dejaba a la vista sólo su cara entre sombras.

– Por fin te encuentro. – dijo el desconocido mientras le observaba con sus ojos amarillos – ¡Me giro un momento y ya has desaparecido!

“¿Acaso me estaba siguiendo?” Pensar tal cosa no era una idea tan descabellada, pues sabía quién era y lo que había dicho… Tenía que andarse con mucho cuidado con ése tipo e intentar descubrir cómo sabía tanto de él.

– Antes de preguntarte quién eres y cómo sabes de mi, me gustaría que me dejaras ir, de lo contrario puedo pensar que me estás reteniendo en contra de mi voluntad, y no creo que éso te convenga.

El desconocido lo miró desafiante.

– Claro, no era mi intención asustarte. – lo dejó ir.

– Ahora dime quién eres, qué sabes de mi y por qué estás aquí. – Helge se mostraba inflexible en su mirada.

– ¡Vaya, no tan rápido por favor! – soltó entre una pequeña risa. Levantó los brazos al cielo – Me llamo Fang, pero me conocen como Fang el negro, y no precisamente por mi color de piel. – se quitó la capucha y dejó paso a una pequeña melena negra como el carbón. Su rostro presentaba una pequeña perilla igual de negra – De ti sé varias cosas, cómo que eres cierto lobo blanco que les está causando algunos problemas a Los Soñadores, eh – dijo dibujando una sonrisa.

Los Soñadores… No le gustaba un pelo el camino que estaba tomando la conversación, si era uno de ellos era posible que hubieran más por los alrededores, y que lo estuvieran vigilando.

– No, no soy uno de ellos por si lo estás pensando, aunque si lo fuera tampoco te lo diría. – Helge lo miró fijamente y se preparó para huir – Tranquilo chico, si te vas, no sabrás lo que quieres oír. No voy a hacerte daño.

Helge se quedó igual, pero a los pocos segundos, relajó el cuerpo.

– Bien, ahora que has decidido quedarte, sigo. He podido seguirte el rastro gracias a tu esencia, debes aprender a controlarla mejor, cuando la usas desprendes muchísima, y eso puede ser peligroso para ti y los tuyos, y una suerte para el que te quiera encontrar. No soy un miembro de Los Soñadores, sino unos de Los Siete. Y he venido a por ti, para llevarte junto a nuestro líder, tal como fui a buscarte cuando eras un lobo.

Hasta ahora no se había fijado demasiado en sus ojos, pero al decir aquello lo hizo.

Se adentró en aquellos ojos amarillos y se encontró con la marca del lobo.

– ¿Ahora me crees? – dijo Fang al ver su cara. – Vamos, tenemos que darnos prisa, Luna y Meiju ya están reunidas con él.

Sin decir nada más empezó a andar y dejó atrás a Helge.

Pasó unos momentos quieto, intentando asimilar todo lo que le había contado ese tal Fang.

Se apresuró a seguirlo.

Subieron por el camino del mirador mientras Helge notaba como empezaba a llover más fuerte. Pronto la tormenta estaría justo encima de ellos.

Meiju estaba sentada en un banco, mientras Luna estaba de pie a unos metros de ella, junto a un hombre de mediana edad, con una gabardina oscura y una melena blanca y fina hasta la cintura.

– Has tardado, Fang. – su voz era grave comparada con la del chico.

– Lo sé, por un momento lo perdí de vista, pero aquí lo tienes. – dijo con un movimiento de brazo hacia Helge.

Al escucharlo, Meiju se giró, y al verlo, fue corriendo a abrazarlo.

Luna también se giró hacia él.

– Ya habrá tiempo para reencuentros, antes tenemos cosas que tratar. Helge, te presento a Dorn, el líder de Los Siete.

El hombre se giró y lo miró directamente a los ojos.

Tenía el mismo color de ojos que el águila de sus sueños.

Aquello que deseas puedes encontrarlo en tu interior.

Yo lobo capítulo 6

Posted in Relatos de Merc, Yo lobo with tags , , , , , , , on 16 Setembre 2012 by mrc15

El golpe que se escuchó fue seco, lo siguiente, una puerta abriéndose con lentitud, empujada por alguien débil.

Helge y Meiju se respaldaron en la pared y se cogieron de la mano, preparándose para lo que fuera que se estaba acercando.

Una luz los cegó durante un momento y todo quedó en el más absoluto de los silencios.

La luz se fue desvaneciendo y en la puerta de la celda había una silueta, la de una mujer.

Cuándo sus ojos se acostumbraron a la luz, pudieron apreciar que se trataba de Luna, con las ropas desgarradas y la cara manchada de sangre, con claros signos de haber sido golpeada. Se apoyaba con el brazo derecho y en la mano izquierda llevaba unas llaves.

– M-me alegro.. – cayó de rodillas – de que… Estéis – hablar era casi un sacrificio – … Bien.

Se desplomó sobre el suelo, inconsciente.

Meiju no sabía quién era aquella mujer, pero lo cierto es que los había salvado.

– ¡Luna! – gritó Helge mientras se lanzaba a por su compañera – ¡Meiju, ven aquí y ayúdame a levantarla!

Hizo lo que le pedían.

Cada uno se pasó un brazo por el cuello, y juntos la levantaron, aún estaban débiles por permanecer en aquellas celdas.

Fueron hasta la puerta y observaron el pasillo que había. Era todo gris, con luces repartidas de forma que ningún punto quedase a oscuras.

Pero había algo fuera de lo normal, no se escuchaba nada.

Por el suelo avanzaba una especie de neblina que se disipaba con cada paso.

Fue sólo un pequeño susurro, pero Helge lo escuchó.

– El camino es seguro, sacadla de aquí, llevadla a su casa, ahí estaréis seguros. Por lo que respecta a mi, os encontraré en el otro mundo.

Helge se dio la vuelta casi al instante, pero no había nadie.

– ¿Qué ocurre? – preguntó Meiju alterada.

– ¿No has escuchado nada? – ella negó con la cabeza – Serán imaginaciones mías… Salgamos de aquí, tenemos que llevarla a su casa.

– ¿A su casa? Mira el aspecto que tiene, tiene que verla un médico.

Sin saber por qué, confiaba en lo que había escuchado.

– No, hazme caso, vayamos a su casa.

Meiju hizo mueca de desaprobación pero Helge empezó a andar y no tuvo más remedio que seguirle.

Tal cómo había dicho la voz, el camino para salir del edificio estaba limpio, no se encontraron con nadie, pero la neblina seguía recubriendo el suelo.

Fuera estaba amaneciendo.

– Démonos prisa, si alguien nos ve podríamos tener problemas.

Meiju le miró a los ojos.

– Sigo pensando que tendríamos que llevarla a un médico.

– Confía en mi, por favor.

Meiju suspiró y accedió.

Por suerte no se encontraron con nadie y pudieron llegar sin problemas.

Tumbaron a Luna en su cama.

– ¿Y ahora qué hacemos? – preguntó Meiju.

– ¿La verdad? No lo sé… Oye, ¿no tienes calor? Estoy empezando a sudar…

– Sí, yo también me siento igual. – dijo pasándose la mano por la frente.

Se dirigió hacia la ventana para abrirla, pero justo en el momento en que iba a tocar la ventana, Meiju, que estaba sentada en la cama junto a Luna, dejo escapar un pequeño grito.

Helge giró en redondo y miró a ambas.

– ¡¿Qué ocurre?!

– Creo que deberías de ver ésto… – decía mientras señalaba hacia Luna.

 Del cuerpo de Luna emanaba un vapor que siseaba en el aire. Pero éso no era por lo que había gritado Meiju, las magulladuras del rostro de Luna iban desapareciendo.

– Qué coño… – Helge se acercaba lentamente.

Llegó hasta la cama y Meiju se puso a su lado mientras le agarraba el brazo.

Poco a poco, la temperatura disminuía y del cuerpo de Luna dejaba de salir ése vapor, hasta que no había ningún signo de violencia.

Luna movió los párpados. Lentamente los abrió.

– Estoy en casa – dijo con una sonrisa – menos mal…

Giró la cabeza y los vio.

– Hemos logrado escapar, eh. – se fijó en el ojo de Helge – Helge… Tu ojo…

– No te preocupes, estoy bien. – se sentó en la cama – ¿Tú cómo te encuentras?

– Mejor, gracias. – se incorporó y miró a Helge a los ojos – ¿Cómo sabíais que me teníais que traer aquí?

– Al salir de la celda, escuché una voz. Apenas era un susurro, que me decía que te trajera hasta aquí, y que nos encontraría, en el otro mundo, o algo así.

La cara de Luna palideció.

– ¿El otro mundo? Mierda, esto es más gordo de lo que creía.

– ¿Qué pasa Luna? – preguntó Helge.

– Es un término que se usaba en una antigua civilización. En ésta, había una orden, 7 elegidos podían convertirse en los animales que tenían en su interior. Pero tenía entendido que acabaron desapareciendo… – Los miró a los dos – Tengo que descansar un rato más, ¿por qué no os acomodáis? Estáis en vuestra casa.

Helge y Meiju salieron al pasillo y cerraron la puerta.

Con una lámpara en medio y dos cuadros colgados, el pasillo no era muy ancho ni demasiado largo, cabían dos personas una al lado de otra.

El primer cuadro, era una cascada de una altura considerable, que salía de la unión de dos montañas para caer en un valle. El segundo era un cielo nocturno algo nublado, con estrellas y una luna llena.

Al ver el segundo cuadro, el corazón de Helge empezó a latir más rápido, quería volver a ser ése lobo.

Al final del pasillo habían tres puertas más. La del medio era la del comedor. La de la izquierda era una habitación. La de la derecha era otro lavabo.

Fueron directos al comedor. No era muy grande, pero sí lo suficiente para poder estar cómodo sin restricciones de espacio. Había dos sofás, uno en vertical y el otro en horizontal y una mesa junto a ellos. Un televisor negro estaba encima de un mueble, a un par de metros de los sofás. En la parte izquierda había una ventana que daba a un pequeño balcón. Por la otra parte, estaba la cocina.

Helge se sentó en un sofá, mientras que Meiju se dirigió a la cocina.

– ¿Quieres algo para beber?

– Sí, tráeme un poco de agua si hay.

Mientras Meiju sacaba un par de vasos y les ponía agua, él miró por la ventana.

En el edificio de enfrente, encima de una barandilla, había un águila, que lo observaba.

¿Qué pintaba ahí un animal así, en medio de la ciudad? Nunca había visto nada igual. Se suponía que éstas aves se encontraban en grandes valles o en montañas.

El sonido de un vaso posándose encima de la mesa le sacó de sus pensamientos. La miró y volvió a mirar a fuera, el águila ya no estaba.

Bebió un poco de agua y recostó la cabeza en el cabezal.

– Tengo que descansar un poco yo también, ya veo visiones…

– Yo también estoy algo cansada… – contestó Meiju mientras se sentaba a su lado – ¿Te importa si me pongo así?

Le pasó un brazo por debajo del suyo y recostó la cabeza en su hombro. Helge no tardó en ruborizarse.

– N-no… Claro que no – le decía mientras intentaba que no se le notara.

No tardó en caer dormido.

Iré dónde el viento y mis pasos me lleven.

Yo lobo capítulo 5

Posted in Relatos de Merc, Yo lobo with tags , , , , , , on 4 Agost 2012 by mrc15

“¿Helge? ¿Estás bien? ¿Qué te pasa? ¡No! ¡No! ¡Helge resiste!” La voz de Luna resonaba en su mente.

Empezaba a recuperar el sentido, poco a poco. Estaba en el suelo sentado con la espalda apoyada contra la pared y apenas veía nada, estaba todo demasiado oscuro. Le dolía la cabeza horrores y pensar era demasiado, pero se obligó a hacerlo.

No sabía dónde estaba, ni qué día era, ni nada de nada, estaba totalmente perdido.

– ¿D-Dónde estoy? – le dijo a la oscuridad.

Pero la voz de alguien le contestó.

– ¿Quién anda ahí? ¿No habéis tenido suficiente conmigo?

Su voz le resultaba familiar.

– ¿Meiju? – dijo mientras intentaba incorporarse.

– ¿Eres tú, Helge? No reconocía tu voz, estoy demasiado débil. – dijo con apenas un susurro.

– Sí, soy yo. Por fin te he encontrado – sonrió y estuvo a punto de caer – ¿Sabes dónde estamos?

– En una especie de celda, creo recordar que al traerme aquí decían algo así cómo “el anti-portal”.

– ¿Anti-portal? – pensó en el libro que tenía Luna –

– Sí, algo así dijeron. ¿Dónde estás? No veo nada.

Helge consiguió ponerse de pie, aguantándose en la pared con una mano.

– Dame un segundo y estoy a tu lado.

Cerró los ojos, se concentró y la vio.

Estaba en el suelo a 5 pasos de él, tumbada. El primer paso fue el peor de todos, le costaba mucho mantener el equilibrio, pero poco a poco era menor el esfuerzo.

Se puso de rodillas al lado de Meiju y le acarició el rostro.

– Estaba muy preocupado por ti, no sabía dónde podías estar ni qué te había pasado.

Notó como dibujó una sonrisa en su rostro agotado.

– Ahora estaré mejor contigo a mi lado… ¿Tienes la menor idea de quiénes son ésta gente?

– Luna me contó que… – de repente se acordó de Luna y miró a su alrededor, intentando encontrarla –

– ¿Luna? ¿Quién es Luna?

– Silencio, ¿no escuchas algo?

Un sonido había captado su atención, era un pequeño silbido, cómo el viento pasando por la roca.

Se levantó y fue en busca de dónde procedía ése sonido.

– ¿Helge? ¿A dónde vas?

Pero él sólo se limito a decirle con la mano que esperase.

Aún escuchaba el silbido, y si podía pasar el aire, era posible que se pudiera ver el exterior.

Fue tanteando a ciegas hasta que notó que una pequeña brisa le acariciaba un dedo. Era un pequeño agujero que a simple vista no se podía ver, pero lo suficientemente grande para poder ver una parte del cielo nocturno. Y veía la luna.

Las palabras mundo, portal y sueño aparecieron en su mente. Todo tenía sentido.

Helge sonrió.

– Te contaré todo lo que desees saber cuándo estemos fuera de aquí. Ahora tengo que ir a rescatarte.

Meiju no parecía entenderlo.

– ¿Rescatarme? Pero si ya estás conmigo.

– ¿Recuerdas que soñaste con un lobo blanco que tenía mis ojos? Verás… Es un poco difícil de explicar, pero ése lobo era yo, y tú también eres una loba. Ahora mismo estás en sus manos, pero por poco tiempo.

– ¿A qué te refieres con “por poco tiempo”?

Helge se dio la vuelta y miro a Meiju, que ahora estaba sentada, apoyada con una mano en el suelo.

– Lo sabrás. – dijo mientras sonreía y miraba a la luna – Meiju, voy a por ti.

Y el viento gélido acarició su rostro, sus orejas, sus patas, su cola. Cuándo Helge abrió los ojos, estaba en el cuerpo del lobo blanco de sus sueños.

No podía perder tiempo, y no lo hizo. Encontró la esencia de Meiju y al poco rato llegó al campamento.

Se escondió entre unos árboles, vigilando la tienda dónde estaba aquello que iba a recuperar.

Los guardias parecían cansados. Iban con ropa militar oscura, pero bien tapados, con gafas de nieve para protegerse los ojos.

Hablaban entre ellos y se movían con alguna pequeña dificultad, tapándose la boca cuándo bostezaban.

Helge no sabía bien la hora que podía ser, pero era de noche, y la luna estaba en lo alto del cielo nocturno rodeada de estrellas.

No parecía haber mucha actividad, y uno de los guardias entró dentro de la tienda.

Ése era su momento.

Sigiloso cómo una sombra, se adentró en el área del enemigo, evitando las luces fijas y móviles.

Se puso detrás del guardia sin que éste lo detectara. Tensó sus patas traseras para abalanzarse sobre él.

El guardia se giró un momento, pensando que era su compañero.

– ¿Dónde está mi…

No pudo decir nada más, un mordisco certero en el cuello puso fin a su existencia.

Agarró el cuerpo sin vida y lo arrastró entre las sombras.

Al cabo de pocos instantes, el otro guardia salió con dos vasos que soltaban vapor, uno en cada mano, tenía ambas manos ocupadas.

Cuándo se dio cuenta de Helge, se quedó petrificado. Era un lobo blanco, adulto, con el hocico manchado de sangre, enseñándole los dientes y con una mirada penetrante que le decía qué iba a suceder a continuación.

Soltó las bebidas para coger su arma lo más rápido que pudo, pero antes de poder apuntar, Helge ya lo estaba tirando al suelo.

Notó sus dientes hundiéndose en su cuello antes de poder gritar nada.

Sin más demora entró en la tienda. Estaba llena de máquinas por todas partes. Y en el centro, había una mesa de metal, con una loba de un color gris plateado encima, era la loba de Meiju.

Estaba conectada con varios cables que Helge quitó con todo el cuidado posible.

Le dio unos golpes con el hocico y le lamió la cara. Ella abrió los ojos.

Por fin sus ojos se volvieron a encontrar en ése mundo, y el tiempo se paró de nuevo.

Pero no había tiempo para romances, Helge ayudó a Meiju a incorporarse y juntos salieron de la tienda.

No vio el cadáver del segundo guardia, pero no tenían tiempo para eso y siguieron por un pequeño camino entre los árboles que había a pocos pasos de la tienda.

Helge estaba intranquilo, notaba una presencia cerca, la olía. Pero Meiju estaba muy débil como para preocuparla, así que siguieron adelante.

– Vaya vaya, con que el lobito blanco ha venido a por su amada. Supongo que habrás sido tú quién ha matado a esos dos.

Miraba alrededor, pero no lo encontraba. Llevó a Meiju hasta un árbol y la dejó tumbada.

– En verdad no me importa demasiado, eran unos inútiles, pero no puedo dejar que te la lleves.

La voz sonaba a sus espaldas y al girarse lo vio.

Era un tipo pequeño y delgado, con el pelo corto oscuro cómo el carbón y una sombra de barba igual de oscura. Tenia unos ojos pequeños, de color marrón oscuro, pero tenían algo que no le gustaba nada.

Vestía el mismo uniforme oscuro que los guardias. Pero las manos las tenía desnudas, y en una de ellas bailaba una daga entre sus dedos.

Helge le enseñó los dientes y empezó a moverse lentamente en círculos hacia él.

La daga bailaba y bailaba entre sus dedos, y se abalanzó sobre él.

Era muy rápido.

Helge reaccionó demasiado tarde y un corte vertical se dibujó en su ojo derecho.

Medio ciego y notando cómo la sangre caliente le goteaba, Helge se centró en su enemigo de nuevo, el cual volvía a la carga, a por su otro ojo.

Pero ésta vez esquivó el golpe justo a tiempo.

Le tocaba a él.

Sus dientes buscaron su cuello, sus uñas su pecho.

Como era esperar de un cazador experimentado, su ataque no falló, y su víctima vio cómo su corazón dejaba de latir, mientras su vida teñía la nieve y la dejaba de un color rojizo.

Volvió con Meiju, y ésta le lamió el ojo herido, le dolía.

Juntos dejaron el campamento atrás.

Empezó a nevar, eso borraría su rastro. Encontraron una cueva al lado de un pequeño riachuelo y se quedaron para recuperarse. Se tumbaron uno al lado del otro para darse calor. Y ambos cerraron los ojos.

Cuándo Helge volvió a abrir los ojos, ya no era un lobo, volvía a ser él.

Sus piernas le fallaron y cayó de rodillas. Alguien lo abrazó por la espalda.

– Eres mi héroe. – le dijo Meiju con un susurro en su oreja. –

– ¿Estás mejor?

– Sí, puedo moverme, que ya es mucho. – le contestó con una sonrisa. – Date la vuelta, quiero verte la cara y agradecerte lo que has hecho por mi.

Helge se dio la vuelta, pero al hacerlo, Meiju vio algo que la dejó helada.

– ¿Qué ocurre? – preguntó extrañado.

– T-Tú ojo derecho… – contestó señalándolo con un dedo. –

Helge se tocó el ojo derecho y lo notó, era el mismo corte que le habían hecho cuándo era lobo, pero ya era una cicatriz.

Cuándo un lobo se fija en su presa, ésta no tiene nada que hacer.

Yo lobo capítulo 4

Posted in Relatos de Merc, Yo lobo with tags , , , on 3 Juny 2012 by mrc15

El aire gélido lo despertó, abrió los ojos y miró a su alrededor. Estaba tumbado junto a unas rocas y nevaba. Miro al cielo y vio la luna, las estrellas y unas líneas de colores que danzaban por el cielo.

– Ayudame… Ayudame… Helge…

La voz de Meiju resonaba en su cabeza.

Empezó a olisquear el aire y le llegó su olor, el olor del miedo y la desesperación. Sin pensarlo, se incorporó y fue hasta el origen de ése olor, pero al llegar sintió otro olor, el del hombre.

Por instinto se escondió entre unos árboles y observó.

Había como una docena de hombres, armados con rifles, cazadores supo al instante. También vio unas cuantas cajas amontonadas con un símbolo en cada una de ellas, una huella de lobo al lado de unas llamas.

Había una tienda de campaña más grande que las otras. De ella salió una mujer que le resultaba familiar. Se le acercaron cuatro hombres que llevaban consigo una jaula con algo dentro, pero estaba tapado y no lograba ver qué era.

La mujer les ordenó algo a los hombres y éstos asintieron, abrieron la jaula y destaparon al animal. Era Meiju, la loba de su otro sueño. Estaba dormida, sedada seguramente. La mujer asintió y la volvieron a tapar. La entraron a la tienda y la mujer los siguió, pero justo antes de entrar se giró y miró hacia donde estaba Helge. Durante unos instantes creyó que le estaba mirando a los ojos, pero finalmente entró.

Escuchó el ruido de un trueno y una luz le cegó.

Despertó tumbado en una cama. Trató de incorporarse, se sentía cansado y le costó, pero al final lo hizo.

No sabía dónde estaba, en su habitación no, de eso estaba seguro. Era una habitación mediana, con dos puertas y un pequeño balcón. Al lado de la cama había una mesita de noche con una lámpara y un libro “Secretos de los sueños”. En un lado de la habitación había un armario y poca cosa más, era todo muy sencillo.

Escuchaba cómo la lluvia salpicaba el cristal y cómo un trueno ahuyentaba el silencio de la noche y iluminaba el cielo oscuro.

Encendió la lámpara y abrió el libro por una página cualquiera.

“Los sueños son un misterio que nadie puede comprender del todo, pero alguna vez pueden ser portales a otros mundos,”

El ruido de un inodoro lo sacó de su mundo y Helge miró una de las puertas. Por ella apareció Luna, con una camisa de hombre que le iba grande y en ropa interior. La camisa llegaba a tapar sus partes íntimas, pero era un claro reclamo a la imaginación más perversa.

– Veo que ya te has despertado – dijo con una sonrisa-

Helge no contestó, estaba absorto en las curvas de Luna y cuando empezó a notar su propia erección, se dio cuenta de que él también estaba en ropa interior.

– Créeme, si hubiésemos hecho cualquier cosa lo sabrías – dijo con un tono de picardía – Antes de acostarme vine a ver cómo estabas. Tu ropa se está secando y no tenía nada para ponerte. Noté que estabas muy frío, así que decidí dormir contigo para mantener el calor. Vivo sola, con lo que no hay problema.

Helge se tranquilizó, aunque la idea de que hubiese pasado algo no le disgustaba. Sea cómo fuera, se sentía débil.

– ¿Sabes por qué me siento tan débil?

– Todo portador de la marca del lobo se debilita al principio, pero tú llevas dos días durmiendo, ¿aún estás débil? Muévete un poco.

¿Dos días durmiendo? Eso era mucho tiempo… ¿Y qué había dicho de un lobo?…¡La marca del lobo! ¡Ya no lo recordaba! Se levantó de golpe, un poco mareado, y fue al baño a mirarse en el espejo. Encendió la luz y ésta le cegó durante unos instantes, pero cuándo recobró la visión se miró en el espejo. Tenía el pelo rubio cayéndole por la espalda. Su cara denotaba cansancio, pero sólo se fijó en sus ojos. Los veía cómo siempre, hasta que emergió de lo más profundo de su ser, la tenía, era un portador de la marca del lobo.

Luna estaba sentada en la cama, medio tapada.

– Me dijiste que me contarías qué es todo esto… Y ése libro… He leído algo de que los sueños pueden ser portales a otros mundos.

– Ven y siéntate conmigo. – le ofreció Luna haciéndole un espacio. – Verás, hay creencias de que todos tenemos una alma gemela, pero no en otra persona, sino en un animal. Se crea una conexión entre tu alma y la de ése animal que se hace realidad en tus sueños y es entonces cuando puedes poseer su cuerpo durante un tiempo. Por qué pasa es un misterio, y no les pasa a muchos. Tu alma gemela por ejemplo es la de un lobo, cómo ya habrás descubierto.

– Antes… Antes estaba soñando, que era ése lobo blanco y escuchaba a… ¡Meiju! ¡Meiju está en peligro, tenemos que ayudarla! – dijo Helge levantándose de golpe.

– ¿Meiju?

– Sí, una chica de mi instituto que conocí en la cafetería y soñó conmigo, pero con mi forma de lobo, ella era una loba.

– Entonces la deben tener ellos… De todas formas no te preocupes, sea lo que sea lo que estén haciendo necesitan el cuerpo vivo de la chica. Si alguno de los dos cuerpos muere el otro también, fruto de esa conexión entre las almas de los dos.

– ¿A quién te refieres?

– ¿Has visto alguna vez un emblema que es una huella de lobo junto a unas llamas?.

– Sí… En mi sueño habían unas cajas con ese emblema… ¿Quiénes son? – dijo mientras se sentaba de nuevo.

– Son una organización secreta sin nombre que usan ése emblema para conocerse entre ellos, se llaman a sí mismos “los soñadores”, y usan el poder de todo aquél que sea portador para encontrar a su alma gemela, capturar al animal y usarlo para fines que desconozco.

– Entonces Karen también debe de estar en peligro… En mi sueño también estaba, sólo que era ella y no su animal, y parecía que… – todo encajó en su mente.

– ¿Parecía que… Qué?

– Karen forma parte de esa organización… Estaba dando órdenes a los que llevaban a Meiju. Tenemos que rescatarla, ¿dónde la podemos encontrar?

– Eso ya no lo sé… Pero hay algo que podemos hacer. Voy a buscar tu ropa, nos vestimos y en la calle te enseño cómo. – Luna se levantó y salió por la otra puerta.

Helge fue hacia el pequeño balcón. Al abrir la puerta la lluvia le salpicó la cara, pero necesitaba sentir el aire fresco de la lluvia en medio de la noche.

La calle estaba desierta, sólo se escuchaba el caer de la lluvia y su propia respiración.

– De acuerdo, vamos a encontrar a tu amiga. Hay algo más que no te he contado, los portadores os podéis encontrar entre vosotros, sólo tienes que cerrar los ojos y concentrarte, encontrarás su esencia.

Helge no entendía bien a qué se refería con su esencia, pero le hizo caso. Cerró los ojos y se concentró. Todo a su alrededor se detuvo, sólo estaba él, Luna y… Sentía a Meiju, estaba cerca, lo sentía.

Veía un rastro en el suelo que seguía una dirección… La dirección que la llevaría hasta ella.

– Lo tengo, sígueme. – le dijo mientras empezaba a andar. –

El edificio no estaba muy lejos, con lo que llegaron en poco tiempo. Era un edificio alto, gris y con el emblema de la organización en lo alto.

– ¿Estás preparado? No sabemos qué nos podemos encontrar ahí dentro. – los dos miraban el aspecto lúgubre que tenía el sitio. –

– No me importa, te tengo a mi lado. Vamos a por Meiju.

Eres aquello que todo lobo desea poseer.

Yo lobo, tercera parte.

Posted in Relatos de Merc, Yo lobo with tags on 9 febrer 2012 by mrc15

Disfrutad!

“Búscame en tus sueños…”
Aquello era lo que le dijo Karen, al enseñarle qué era la marca del lobo.
¿Quería decir que se encontrarían si volvía a soñar que era un lobo?
Meiju le había contado su sueño, el mismo que tuvo él, pero ella era la loba que se encontró, así que no era descabellada la idea de que Karen también tuviese aquellos sueños… ¿Pero eran sueños de verdad? Era todo demasiado real.
Estaba en su cama, pensando en todo lo que había pasado en los últimos días. Demasiadas vivencias para alguien tan tranquilo como él.
Había intentado dormir, y lo había conseguido, pero apenas unas horas, y no había soñado nada.
Todo sonaba tan irreal, ¿no sería todo un sueño del que despertaría tarde o temprano?
Miró su despertador. Quedaban dos horas para levantarse, vestirse e irse a clase, como cada día. Pero ya estaba despierto y sentía que no podría dormir ni un segundo más, así que decidió que se ducharía, al menos así el agua le haría pensar con más cabeza.
Le tranquilizaba el sonido del agua mientras recorría su cuerpo.
Normalmente tardaba una media hora, pero aquel día quería ir sin prisas.
Al salir de la ducha, se puso delante del espejo, que estaba todo empañado.
Le pasó una toalla y se miró fijamente… Nada. Miró sus ojos durante unos instantes, esperando ver alguna prueba de que él también poseía la marca del lobo, esperando ver la señal de que, por fin, su vida sería algo intenso, que tendría un sentido único y especial.
Pero no vio nada, sólo se veía a sí mismo, desnudo, con las gotas de agua cayendo por su cuerpo.
Suspiró, ¿sería un truco de Karen? ¿Y si lo era, por qué? No tenía sentido pensarlo en aquel momento, en clase la vería y le preguntaría todo lo que no entendía.
Se vistió, comió un poco y se fue.
– Adiós mamá. – dijo como siempre.
El viaje pasó rápido, como siempre. Al bajar del autobús, notó como una mirada le congelaba el cuerpo. Se giró, pero nadie lo estaba mirando, pero aún sentía esa sensación.
“Tranquilizate anda, últimamente estás demasiado intranquilo” Se dijo a sí mismo.
Empezó a andar, dirección a su clase de cada día, pero la sensación seguía ahí.
Sabía que no eran ilusiones suyas, alguien, o algo, le estaba mirando, sólo a él. Notaba sus ojos clavados en su nuca, observando cada paso que daba. Y, de pronto, tal como vino, desapareció.
No era normal, en absoluto, sentir como alguien te observa y de repente dejar de sentirlo.
Entró en clase directamente, sin saludar a nadie, tampoco le había saludado nadie.
Y empezó la clase, pero Karen no aparecía por ningún lugar.
Pasaron las horas, y Karen seguía sin aparecer. ¿Le habría pasado algo? No lo podía saber, a decir verdad solo sabía su nombre y de dónde era, nada más.
Llegó el descanso y se dirigió hacia la cafetería, podría ver a Meiju y desconectar un rato.
Cogió su café y se sentó, Meiju no tardaría mucho en llegar. Mientras esperaba, pensaba en como se sentía en sus sueños, la libertad de sentir la nieve debajo sus pies y el viento en su rostro, era magnífico.
Se acabó el café, pero Meiju seguía sin llegar… ¿Qué estaba pasando ése día? ¿Habían desaparecido las dos únicas personas con las que tenía un cierto interés en hablar?
Volvió a clase pensando dónde estarían Karen y Meiju.
Las siguientes horas pasaron como siempre, y el camino a casa fue el de siempre, parecía que todo volvía a ser la misma monotonía de siempre.
Al llegar a casa, se encontró con que todas las luces estaban apagadas y con una nota en la mesa.
“Cielo, tu padre y yo nos hemos ido a pasar la noche a casa de tus tíos. Tienes la cena en la nevera. Besos”
No tenía hambre, y tampoco quería estar encerrado en su habitación… Y sin pensarlo dos veces, cogió su chaqueta y se fue.
Tenía pensado ir a la parte alta de la ciudad, dónde había un descampado con vistas de toda la ciudad, pero sobretodo, de un bonito cielo estrellado.
Aquella noche había algo más que un cielo estrellado de película. La luna iluminaba el lugar con su luz y le daba un aire mágico. Aquella noche le gustaba más que otra, pues era luna llena.
Se sentó, miró hacia arriba y no hizo nada más. Era difícil explicar qué sentía al ver la luna, siempre le causaba una satisfacción unida a un misterio que lo atraía y atrapaba durante horas. Disfrutaba viendo la luna, y al mismo tiempo, sentía como algo latía en su interior al bañarse en aquella luz.
– Es bonita, ¿verdad? – dijo una voz de mujer.
Helge se sobresaltó y se giró rápidamente.
– Vaya, ahora no me has notado hasta que estaba justo detrás de ti, pero esta mañana no dejabas de sentirme… Déjame adivinar, la luna te atrapa, ¿verdad?
– ¿Quién eres? – preguntó sin fiarse demasiado.
La chica dibujó una pequeña sonrisa.
– Claro, qué modales los míos, disculpame. Pero creo que ya conoces mi nombre. – la chica levantó una mano y señalo la luna – En realidad, conoces mi nombre desde el día que empezaste a sentir algo diferente cuando mirabas al cielo de la noche.
Helge la miraba con un rostro desconcertado.
– Mi nombre es aquél que cantas en tu interior cada noche, querido.
– Luna.
La chica le miró con ternura mientras sonreía.
– Te he estado buscando Helge, el por qué te lo contaré más tarde. Ahora… – le dijo mientras se acercaba – quiero ver esos ojos más de cerca, he oído maravillas de ellos.
Por primera vez, Helge se fijó en la joven que tenía ante sí. Era una chica alta, pelirroja, con el pelo rizado. Con unos ojos marrones ligeramente claros y muy intensos, de aquellos que son un portal hacia otro mundo, otro mundo lleno de secretos muy especiales. ¿Qué sentía Helge al mirar esos ojos? No lo sabía, pero le hacían sentir libre, como… Como si estuviese mirando a…
Helge sonrió por primera vez, el nombre le iba perfecto, pensó. Además, le encantaba como sonreía Luna, le hacía sentir bien consigo mismo.
Luna le cogió la cabeza con ambas manos y le miró fijamente a los ojos.
Entonces lo notó, algo quería salir de su interior con más fuerza que en otras ocasiones.
– ¿Q-Qué estás haciendo? – preguntó preocupado.
– Sólo voy a mostrarte aquello que has estado buscando.
Y en los ojos de Helge empezó a aparecer una mancha, que poco a poco se iba definiendo, hasta convertirse en una huella, en la marca del lobo.
Una sensación de cansancio invadió a Helge y éste hubiera caído de rodillas si Luna no lo hubiese aguantado.
– Te contaré todo lo que necesites saber sobre qué tenemos, qué es y qué nos hace ser. – le dijo mientras su rostro se acercaba al de Helge – Te he estado buscando día y noche, tanto aquí como en nuestros sueños, mi lobo. Y ahora que te he encontrado, no me separaré de ti.