Mírame a los ojos y dime, ¿qué ves?

Posted in Sentiemientos de Merc on 1 Agost 2013 by mrc15

Ya no sé cuántas entradas he dedicado a lo que me viene ocurriendo, pero de verdad, a los que me leáis, odio sentirme lo peor del mundo.

Pero no lo peor del mundo como sinónimo de estar mal, sino como sinónimo de “me estoy rompiendo por dentro y no sé cómo arreglarme”.

Es una sensación horrible, como si un vacío se creara en tu interior y te consumiera, mientras tú lo notas.

Notas cómo se expande, como avanza con lentitud, y el miedo se apodera de tu cuerpo.

Sabes que te destruirá, aún así intentas luchar. Pero no sabes qué hacer, todo te supera y te ves mermado de todo pensamiento, menos uno.

“Soy lo puto peor de este mundo”

Y quieres poder ser distinto, actuar de otra forma para que no te vuelvas a sentir igual…

Pero acaba volviendo, la situación te supera y vuelves a sentirte igual.

Quién sabe, quizás es un vacío parecido al que sientes cuando… A saber, cuando sientes que no eres más que un saco de carne y huesos más.

Cada vez que me miro el brazo izquierdo, mi mente me dice “Stand up and fight”, cada vez que lo miro las runas lo gritan.

Pero cada vez es más difícil seguir avanzando.

¿Y por qué lo escribo aquí? Porque como ya he dicho más de una vez, no voy diciendo que estoy mal, no me gusta molestar.

Y porque esto es mi pequeño mundo helado con truenos.

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Dibujando sueños en forma de letras.

Posted in Relatos de Merc, Sentiemientos de Merc with tags , , , , , , , on 23 Juny 2013 by mrc15

Su mano dibujaba letras sobre el papel blanco, sus ojos señalaban el camino a seguir, su mente las unía para darles el sentido que buscaba.

Así empezaba toda historia para él, una simple idea aparecía en su imaginación, le gustaba y le daba forma. Imaginaba qué pasaría si a tal personaje le pasara esto, o lo otro. Y, casi sin quererlo, se vio envuelto en un mundo de constante evolución. En un mundo de mentes únicas, que todas procedían de la suya, todas eran pequeños fragmentos. En un mundo sin igual, abierto a miles de interpretaciones por otras mentes que no fueran la suya. En su mundo.

Para él, escribir una historia era parecido a pintar un cuadro nunca antes creado. No todo nacía con la primera pincelada, sino que requería de paciencia y perseverancia, de constantes correcciones, para volver a corregirlo tiempo después.

Pero, al final, las letras que había dibujado con tanto esmero, con tanta dedicación y sentimiento, formaban lo que era la primera descripción de su nuevo mundo, la pequeña descripción de una hoja que se mecía con el viento observando todo lo que en él ocurría.

Y así, se hacía realidad el mundo que había estado en su mente durante tanto tiempo, deseoso de poder salir.

Lo mejor de ser escritor no es poder mostrar al mundo lo que puedes llegar a imaginar, sino poder hacer sentir lo que tú sientes al imaginar todo aquello.

No es una pesadilla.

Posted in Sentiemientos de Merc with tags , , , , on 4 Abril 2013 by mrc15

Sueños, pesadillas… Realidad. Sientes tu corazón retumbar en el pecho, temeroso de que deje de hacerlo en cualquier momento.

Quieres creer que es una pesadilla más, de las muchas que tienes, en la que hacen lo mismo que en la realidad.

Quieres creer que en cualquier momento despertarás, te llamarán para comer o incluso estarás en otro lugar, observando la noche y diciéndote a ti mismo “puedes volver a dormir, es sólo otra pesadilla más”. Incluso deseas que despertarás abrazado a ella, tu cielo. Que ella te mirará con sueño en sus preciosos ojos, te sonreirá y te besará.

Deseas, quieres creer, pero la realidad te muestra que no es así, que esta vez no vas a poder despertar.

Gritos, discusiones, otro día más. Ya has perdido la cuenta de los días que éso ha supuesto tu despertar, y no hay cosa que odies más.

No discuten contigo, lo hacen entre ellos, pero a ti te afecta igual.

Tampoco recuerdas cuándo empezó todo ni cómo era al principio, tu mente se encarga de ir borrando todos esos momentos de tus recuerdos para que no te rompan más.

Tampoco te importa que no lo recuerdes, sólo quieres que pase cuánto antes, seguir durmiendo, y despertar mejor. Pero ya no puedes dormir.

Te mantienes en silencio, sin decir ni emitir sonido alguno. No porque te guste y así lo prefieras, sino porque sabes que tu voz va a salir con la poca fuerza que tienes. La poca fuerza que retiene a las lágrimas que se agolpan en tus ojos, deseosas de escapar.

No es que no te guste llorar, no lo ves algo malo. Es sólo que nunca has sido mucho de llorar, y crees que es algo por lo que ya no merece la pena dejar ir más lágrimas. Si lloviera la cosa sería diferente, podrías confundirlas sin temor con las gotas que caen del cielo, con las lágrimas de los dioses.

Sabes de sobra que no eres el único que lo pasa mal, que hay otros que están peor que tú, y toda esa mierda. Pero también tienes derecho a decir cómo se siente tu corazón.

No buscas la compasión ni la pena de nadie. Sólo quieres escribir, porque así te sientes mejor, te sientes libre, lejos de todo eso que mata tu ser poco a poco.

Desconoces si llegará el día en que no quedará nada de ti por eso, o podrás salir sin heridas muy grandes.

En cualquier caso, escribes palabras, sin un objetivo claro, sólo porque lo sientes.

Hoy no hay fotos, simplemente palabras.

Yo lobo capítulo 7

Posted in Relatos de Merc, Yo lobo with tags , , , , , , , , , , on 24 febrer 2013 by mrc15

El grito de un ave hizo que abriera los ojos.

Aún le dolía el derecho, pero ya no sangraba y mejoraba a marchas forzadas. A su lado tenía a Meiju, profundamente dormida.

Se levantó poco a poco, estiró sus patas para desperezarse y lo escuchó de nuevo.

Comprobó de que estaba todo correcto, salió para beber un poco de agua y mojarse un poco la cabeza, para así eliminar los restos de sangre seca que aún quedaban.

Miró al cielo y observó cómo las nubes negras avanzaban con rapidez por el cielo, tapando el sol y dejando al mundo en una penumbra constante. Pero entre tanta oscuridad destacaba un punto blanco surcando el cielo, cómo la pequeña luz que se niega a ser engullida.

Sabía lo que era. Estaba demasiado lejos para calcular su tamaño, pero se apreciaba cómo batía sus grandes alas con fuerza frente a las fuertes corrientes de viento.

Los primeros copos de nieve empezaron a caer. Primero meciéndose lentamente, para fundirse en su pelaje. Era obvio que se aceraba una tormenta.

Pero aparte de eso, había algo que lo mantenía inquieto.

Entró a por Meiju, tenían que seguir el camino.

Se acercó y la acarició con su hocico. Los ojos melosos de ella ya lo estaban mirando. Le devolvió la caricia y se incorporó.

En unos minutos ya estaban fuera, sintiendo la fría nieve bajo sus patas. Estaban hambrientos, pero no se veían presas, por lo que inspeccionaron el horizonte y divisaron los altos árboles de un bosque. Parecía el lugar idóneo.

Lejos de ahí unas patas negras cómo la noche levantaban el polvo del suelo. Aún permanecía el olor de Helge y Meiju.

Soltó el aire satisfecho, iba por el buen camino, lo sabía, y éso se reflejó en sus ojos amarillos.

El aire danzaba entre las ramas, haciendo caer la nieve acumulada. Un conejo corría por el suelo, distraído, mientras buscaba algo para comer, pero no sabía que la comida sería él.

Un reflejo blanco se movía entre los árboles. No alertó al conejo del peligro, podía ser simplemente la luz que se reflejaba en la nieve.

Se percató demasiado tarde de lo que ocurría, un relámpago blanco se abalanzó sobre él y antes de poder soltar un grito su corazón dejó de latir.

Se lo partieron entre los dos. Era poco, pero era mejor que nada.

Un ruido hizo que Helge mirara al cielo. Unos ojos brillantes de color blanco los observaban desde lo alto.

Un águila se posaba en una rama, sin hacer el menor movimiento.

Entre ellos sólo caía nieve, pero notaban sus miradas cómo si estuvieran a pocos centímetros.

Se levantó un poco de nieve y escuchó el gruñido de Meiju. Al girarse vio a un lobo negro de ojos amarillos, que apenas emitía ningún sonido. Se no había dado cuenta de su presencia hasta entonces.

Se puso al lado de Meiju sin dejar de observarlo.

No mostraba emoción alguna, ni temor, ni agresividad, sólo los miraba con aquellos ojos.

Un trueno iluminó el cielo y la tierra tembló, había caído cerca. La tormenta era inminente.

El lobo negro empezó a acercarse hacia ellos.

Tanto Helge cómo Meiju se prepararon para saltar, pero no le importaba, seguía avanzando. Las advertencias habían sido claras y aún así había seguido.

Se lanzaron contra él, pero en ése preciso instante, una luz los cegó y un estruendo hizo que el suelo se rompiera a sus pies, mientras los dejaba inconscientes. Todo se volvió oscuro.

Helge se despertó solo, sin Meiju a su lado. Fue a ver cómo se encontraba Luna, pero al llegar a su habitación estaba vacía. Todo estaba en su sitio, pero reinaba un frío extraño.

Volvió al comedor, dónde miró si le habían dejado alguna nota o algo. Nada.

No era muy normal que dos personas desapareciesen sin hacer ruido ni avisar, así que cogió la chaqueta y salió a la calle.

Estaba empezando a llover y parecía que iba a ser una tormenta grande, así que mejor encontrarlas rápido.

Se concentró y el tiempo se detuvo, mostrándole el camino que habían seguido Luna y Meiju.

Entraba en un callejón, conectaba con otro y finalmente seguía en una calle grande, llena de paraditas, hasta una escalera que subía por una parte del mirador de la ciudad.

No lo pensó dos veces y siguió el rastro.

En la oscuridad de los callejones se sentía a gusto, sin ser juzgado y con las gotas bajando por su rostro.

Pero al salir de ellos volvía a sentirlo, las miradas clavadas en él, en su ojo derecho.

Cierto era que no era muy normal tener una cicatriz así, pero ya ni se molestaban en disimular su asombro, incluso lo señalaban.

Seguía andando con paso decidido, dispuesto a ignorar cualquier burla. Pero una mano detuvo su paso, y su mirada dio con el causante.

Se encontró con un chico de una edad similar a la suya, un poco más bajo que él. Iba vestido con unos pantalones de pitillo negros y una sudadera con capucha que le cubría la cabeza y dejaba a la vista sólo su cara entre sombras.

– Por fin te encuentro. – dijo el desconocido mientras le observaba con sus ojos amarillos – ¡Me giro un momento y ya has desaparecido!

“¿Acaso me estaba siguiendo?” Pensar tal cosa no era una idea tan descabellada, pues sabía quién era y lo que había dicho… Tenía que andarse con mucho cuidado con ése tipo e intentar descubrir cómo sabía tanto de él.

– Antes de preguntarte quién eres y cómo sabes de mi, me gustaría que me dejaras ir, de lo contrario puedo pensar que me estás reteniendo en contra de mi voluntad, y no creo que éso te convenga.

El desconocido lo miró desafiante.

– Claro, no era mi intención asustarte. – lo dejó ir.

– Ahora dime quién eres, qué sabes de mi y por qué estás aquí. – Helge se mostraba inflexible en su mirada.

– ¡Vaya, no tan rápido por favor! – soltó entre una pequeña risa. Levantó los brazos al cielo – Me llamo Fang, pero me conocen como Fang el negro, y no precisamente por mi color de piel. – se quitó la capucha y dejó paso a una pequeña melena negra como el carbón. Su rostro presentaba una pequeña perilla igual de negra – De ti sé varias cosas, cómo que eres cierto lobo blanco que les está causando algunos problemas a Los Soñadores, eh – dijo dibujando una sonrisa.

Los Soñadores… No le gustaba un pelo el camino que estaba tomando la conversación, si era uno de ellos era posible que hubieran más por los alrededores, y que lo estuvieran vigilando.

– No, no soy uno de ellos por si lo estás pensando, aunque si lo fuera tampoco te lo diría. – Helge lo miró fijamente y se preparó para huir – Tranquilo chico, si te vas, no sabrás lo que quieres oír. No voy a hacerte daño.

Helge se quedó igual, pero a los pocos segundos, relajó el cuerpo.

– Bien, ahora que has decidido quedarte, sigo. He podido seguirte el rastro gracias a tu esencia, debes aprender a controlarla mejor, cuando la usas desprendes muchísima, y eso puede ser peligroso para ti y los tuyos, y una suerte para el que te quiera encontrar. No soy un miembro de Los Soñadores, sino unos de Los Siete. Y he venido a por ti, para llevarte junto a nuestro líder, tal como fui a buscarte cuando eras un lobo.

Hasta ahora no se había fijado demasiado en sus ojos, pero al decir aquello lo hizo.

Se adentró en aquellos ojos amarillos y se encontró con la marca del lobo.

– ¿Ahora me crees? – dijo Fang al ver su cara. – Vamos, tenemos que darnos prisa, Luna y Meiju ya están reunidas con él.

Sin decir nada más empezó a andar y dejó atrás a Helge.

Pasó unos momentos quieto, intentando asimilar todo lo que le había contado ese tal Fang.

Se apresuró a seguirlo.

Subieron por el camino del mirador mientras Helge notaba como empezaba a llover más fuerte. Pronto la tormenta estaría justo encima de ellos.

Meiju estaba sentada en un banco, mientras Luna estaba de pie a unos metros de ella, junto a un hombre de mediana edad, con una gabardina oscura y una melena blanca y fina hasta la cintura.

– Has tardado, Fang. – su voz era grave comparada con la del chico.

– Lo sé, por un momento lo perdí de vista, pero aquí lo tienes. – dijo con un movimiento de brazo hacia Helge.

Al escucharlo, Meiju se giró, y al verlo, fue corriendo a abrazarlo.

Luna también se giró hacia él.

– Ya habrá tiempo para reencuentros, antes tenemos cosas que tratar. Helge, te presento a Dorn, el líder de Los Siete.

El hombre se giró y lo miró directamente a los ojos.

Tenía el mismo color de ojos que el águila de sus sueños.

Aquello que deseas puedes encontrarlo en tu interior.

Contigo, sin ti.

Posted in Sentiemientos de Merc with tags , , , , , , , , , on 13 Novembre 2012 by mrc15

En toda relación, ya sea amorosa, sexual o amistosa, hay algo que hace que la relación sea cada vez mayor y más fuerte.

Los recuerdos.

Un recuerdo es más que un pequeño momento, es aquello que recordarás y te hará sonreír, o llorar. Pero también son traicioneros, un recuerdo bonito puede transformarse en uno desagradable. Primero sonrisas, después lágrimas.

Pero las relaciones también pueden cambiar, pasando de un extremo a otro. Amigos que acaban siendo pareja, amigos con una relación sexual que acaban sintiendo algo más… Historias hay muchas y de todos los colores.

Pero no todas (o la gran mayoría) de relaciones son para siempre, tienen una fecha de caducidad.

Al final, para nuestra sorpresa, sólo quedan los recuerdos.

No sabemos qué nos espera mañana, puede ser bueno o malo, no hay forma de saberlo.

Muchos piensan en evitar éste sufrimiento, simplemente no viviéndolo. Vivir en la ignorancia, en el pensamiento de “y si hubiera pasado…”.

Pero para un servidor ésto no es vivir.

Vida sólo tenemos una y hay que disfrutarla, exprimirla, gozarla.

Está claro que no vamos a poder vivirlo todo, pero ésa no es razón para no intentarlo.

Caeremos miles de veces, pero en cada una nos levantaremos con más fuerza.

¿A qué quiero llegar? A que, querido lector, vive tu vida sin temor a que los recuerdos puedan hundirte en un pozo sin fondo, lleno de oscuridad, lleno de desesperación y lágrimas. Pues no son quién cómo para no dejarte vivir.

Levanta tu puño y grita bien alto que sigues con vida, y que nada podrá acabar contigo.

Y por cierto, sonríe.

Correr sin temor a la caída, más que una forma de pensar.

Ésta es la verdad, o no.

Posted in Sentiemientos de Merc with tags , , , on 13 Novembre 2012 by mrc15

Mentimos constantemente, sí, es así, aunque no me guste.

Ya sea para no herir, para una sorpresa, etc.

Pero lo terrible, es mentirse a uno mismo. Que si no importa, no vale la pena, hay más… Intentas aceptar ésas afirmaciones, mientras que tu corazón pide a gritos que pare ya, pues no hace más que llorar.

Pero ésas lágrimas se quedan en tu interior, no salen, ni vas a dejar que lo hagan. ¿Y por qué? Tan simple que parece mentira: No deseas preocupar a quién van dirigidas.

¿Entonces estás engañando a ésa persona? Puede ser.

¿Por una buena causa? Hay quien opina que sí, que lo haces para no causar sufrimiento. Hay quien opina que no, que es mejor la verdad por muy dolorosa que sea. Que cada uno juzgue cómo quiera.

Pero a todo esto, hay una única verdad, aquella que te dicta tu corazón.

Sigue tu camino, nunca mires atrás.

Yo lobo capítulo 6

Posted in Relatos de Merc, Yo lobo with tags , , , , , , , on 16 Setembre 2012 by mrc15

El golpe que se escuchó fue seco, lo siguiente, una puerta abriéndose con lentitud, empujada por alguien débil.

Helge y Meiju se respaldaron en la pared y se cogieron de la mano, preparándose para lo que fuera que se estaba acercando.

Una luz los cegó durante un momento y todo quedó en el más absoluto de los silencios.

La luz se fue desvaneciendo y en la puerta de la celda había una silueta, la de una mujer.

Cuándo sus ojos se acostumbraron a la luz, pudieron apreciar que se trataba de Luna, con las ropas desgarradas y la cara manchada de sangre, con claros signos de haber sido golpeada. Se apoyaba con el brazo derecho y en la mano izquierda llevaba unas llaves.

– M-me alegro.. – cayó de rodillas – de que… Estéis – hablar era casi un sacrificio – … Bien.

Se desplomó sobre el suelo, inconsciente.

Meiju no sabía quién era aquella mujer, pero lo cierto es que los había salvado.

– ¡Luna! – gritó Helge mientras se lanzaba a por su compañera – ¡Meiju, ven aquí y ayúdame a levantarla!

Hizo lo que le pedían.

Cada uno se pasó un brazo por el cuello, y juntos la levantaron, aún estaban débiles por permanecer en aquellas celdas.

Fueron hasta la puerta y observaron el pasillo que había. Era todo gris, con luces repartidas de forma que ningún punto quedase a oscuras.

Pero había algo fuera de lo normal, no se escuchaba nada.

Por el suelo avanzaba una especie de neblina que se disipaba con cada paso.

Fue sólo un pequeño susurro, pero Helge lo escuchó.

– El camino es seguro, sacadla de aquí, llevadla a su casa, ahí estaréis seguros. Por lo que respecta a mi, os encontraré en el otro mundo.

Helge se dio la vuelta casi al instante, pero no había nadie.

– ¿Qué ocurre? – preguntó Meiju alterada.

– ¿No has escuchado nada? – ella negó con la cabeza – Serán imaginaciones mías… Salgamos de aquí, tenemos que llevarla a su casa.

– ¿A su casa? Mira el aspecto que tiene, tiene que verla un médico.

Sin saber por qué, confiaba en lo que había escuchado.

– No, hazme caso, vayamos a su casa.

Meiju hizo mueca de desaprobación pero Helge empezó a andar y no tuvo más remedio que seguirle.

Tal cómo había dicho la voz, el camino para salir del edificio estaba limpio, no se encontraron con nadie, pero la neblina seguía recubriendo el suelo.

Fuera estaba amaneciendo.

– Démonos prisa, si alguien nos ve podríamos tener problemas.

Meiju le miró a los ojos.

– Sigo pensando que tendríamos que llevarla a un médico.

– Confía en mi, por favor.

Meiju suspiró y accedió.

Por suerte no se encontraron con nadie y pudieron llegar sin problemas.

Tumbaron a Luna en su cama.

– ¿Y ahora qué hacemos? – preguntó Meiju.

– ¿La verdad? No lo sé… Oye, ¿no tienes calor? Estoy empezando a sudar…

– Sí, yo también me siento igual. – dijo pasándose la mano por la frente.

Se dirigió hacia la ventana para abrirla, pero justo en el momento en que iba a tocar la ventana, Meiju, que estaba sentada en la cama junto a Luna, dejo escapar un pequeño grito.

Helge giró en redondo y miró a ambas.

– ¡¿Qué ocurre?!

– Creo que deberías de ver ésto… – decía mientras señalaba hacia Luna.

 Del cuerpo de Luna emanaba un vapor que siseaba en el aire. Pero éso no era por lo que había gritado Meiju, las magulladuras del rostro de Luna iban desapareciendo.

– Qué coño… – Helge se acercaba lentamente.

Llegó hasta la cama y Meiju se puso a su lado mientras le agarraba el brazo.

Poco a poco, la temperatura disminuía y del cuerpo de Luna dejaba de salir ése vapor, hasta que no había ningún signo de violencia.

Luna movió los párpados. Lentamente los abrió.

– Estoy en casa – dijo con una sonrisa – menos mal…

Giró la cabeza y los vio.

– Hemos logrado escapar, eh. – se fijó en el ojo de Helge – Helge… Tu ojo…

– No te preocupes, estoy bien. – se sentó en la cama – ¿Tú cómo te encuentras?

– Mejor, gracias. – se incorporó y miró a Helge a los ojos – ¿Cómo sabíais que me teníais que traer aquí?

– Al salir de la celda, escuché una voz. Apenas era un susurro, que me decía que te trajera hasta aquí, y que nos encontraría, en el otro mundo, o algo así.

La cara de Luna palideció.

– ¿El otro mundo? Mierda, esto es más gordo de lo que creía.

– ¿Qué pasa Luna? – preguntó Helge.

– Es un término que se usaba en una antigua civilización. En ésta, había una orden, 7 elegidos podían convertirse en los animales que tenían en su interior. Pero tenía entendido que acabaron desapareciendo… – Los miró a los dos – Tengo que descansar un rato más, ¿por qué no os acomodáis? Estáis en vuestra casa.

Helge y Meiju salieron al pasillo y cerraron la puerta.

Con una lámpara en medio y dos cuadros colgados, el pasillo no era muy ancho ni demasiado largo, cabían dos personas una al lado de otra.

El primer cuadro, era una cascada de una altura considerable, que salía de la unión de dos montañas para caer en un valle. El segundo era un cielo nocturno algo nublado, con estrellas y una luna llena.

Al ver el segundo cuadro, el corazón de Helge empezó a latir más rápido, quería volver a ser ése lobo.

Al final del pasillo habían tres puertas más. La del medio era la del comedor. La de la izquierda era una habitación. La de la derecha era otro lavabo.

Fueron directos al comedor. No era muy grande, pero sí lo suficiente para poder estar cómodo sin restricciones de espacio. Había dos sofás, uno en vertical y el otro en horizontal y una mesa junto a ellos. Un televisor negro estaba encima de un mueble, a un par de metros de los sofás. En la parte izquierda había una ventana que daba a un pequeño balcón. Por la otra parte, estaba la cocina.

Helge se sentó en un sofá, mientras que Meiju se dirigió a la cocina.

– ¿Quieres algo para beber?

– Sí, tráeme un poco de agua si hay.

Mientras Meiju sacaba un par de vasos y les ponía agua, él miró por la ventana.

En el edificio de enfrente, encima de una barandilla, había un águila, que lo observaba.

¿Qué pintaba ahí un animal así, en medio de la ciudad? Nunca había visto nada igual. Se suponía que éstas aves se encontraban en grandes valles o en montañas.

El sonido de un vaso posándose encima de la mesa le sacó de sus pensamientos. La miró y volvió a mirar a fuera, el águila ya no estaba.

Bebió un poco de agua y recostó la cabeza en el cabezal.

– Tengo que descansar un poco yo también, ya veo visiones…

– Yo también estoy algo cansada… – contestó Meiju mientras se sentaba a su lado – ¿Te importa si me pongo así?

Le pasó un brazo por debajo del suyo y recostó la cabeza en su hombro. Helge no tardó en ruborizarse.

– N-no… Claro que no – le decía mientras intentaba que no se le notara.

No tardó en caer dormido.

Iré dónde el viento y mis pasos me lleven.